La noche / Fade into you
LA NOCHE
- ¿Has mezclado alguna vez vodka caramelo con té verde?
Era viernes y estábamos, una vez más, celebrando tachar una semana en el calendario que indicaba el tiempo restante para salir de un instituto que empezaba a antojársenos una cárcel. El privilegio de instruirnos era entonces invisible: el aprendizaje parecía estar muy lejos de aquel edificio cálido y anticuado a un tiempo, muy lejos de las voces adultas que nos instaban a atender en contra de todos los impulsos que entonces nos habitaban.
- ¡Qué va! ¿A ver?
Empezábamos a conocer entonces la llamada de las luces nocturnas, las discotecas, el alcohol. En el pueblo no había otra cosa que hacer, tampoco, un viernes o un sábado por la noche. Entonces, aquello no solo era suficiente para nosotros: lo aguardábamos con impaciencia.
Con los vasos en la mano, bajábamos por la avenida que llevaba hasta el paseo marítimo. Allí nos poníamos a prueba semana tras semana como embriones de individuos que aprendían a interactuar, empujados por el sutil ímpetu del que aquel escenario nos dotaba: una vez bajo los neones, bajo el cielo nocturno y el influjo de la cerveza ya no éramos solo nosotros y nosotras; nos convertíamos en actores y actrices habitando un decorado en que se abrían puertas otrora firmemente cerradas.
Aquella noche en concreto nos acercamos al chiringuito de la playa, ya cerrado, con sus puertas cerradas a cal y canto. Allí, un grupo de chicas a las que conocíamos del instituto yacían en los húmedos bancos de madera colocados sobre la tarima que separaba al local de la arena. Ellas, igual que nosotros, vivían su propia catarsis arropadas por la luz de la luna y el soplo cálido del alcohol que no lograba contrarrestar el frío que la intemperie traía consigo.
Una de ellas, especialmente perjudicada, descansaba en los brazos de su amiga, que con gesto entre divertido y resignado la acompañaba hasta que la borrachera remitiese.
P y yo nos acercamos.
- ¿Está muy mal? -pregunté, con una mezcla de preocupación y extrañeza por la espontaneidad con que emergieron las palabras de mi boca, como si las pronunciase alguien con más aplomo y determinación de las que yo podía acaparar entonces en cualquier otro contexto.
- Siempre hace lo mismo – respondiste, frustrada. – Ya se le pasará-. Estabas tiritando, y también ella.
Con una convicción que solo podía ser producto de las alteraciones químicas que el vodka con té verde había provocado en nosotros esa noche, P y yo nos quitamos nuestras camisas de botones y se las dimos, tratando de que no pasaran frío.
Él se la dejó a tu amiga, yo te puse encima la mía, a cuadros verdes y azules. Entonces me miraste.
- Te he visto otras veces, pensaba que eras un borde. Pero esto es de buena gente. Muchas gracias.
Algo ocurrió en aquellos segundos que a día de hoy no soy capaz de nombrar de forma precisa. Te miré: bajo tus párpados, mapas cóncavos del cielo nocturno. La playa, la gente, las luces; la noche pareció desenfocarse; todas las estrellas que albergaba aquel cielo impoluto reflejándose en tus ojos con una nitidez salvaje. La oscuridad de repente interrumpida por el estallido silencioso de mil fuegos artificiales. La sordidez de nuestra noche dando paso a una belleza que a día de hoy sigo tratando de describir.
Sonreíste.
- Gracias a ti, no pasa nada.- Dije, aturdido.
Estuvimos allí un rato hasta que llegó el resto de tu grupo a buscarlas y nos fuimos, sin saber entonces, de nuevo, en qué dirección dirigirnos aquella noche. Sin saber, mucho menos, que la forma de mirar al mundo habría cambiado para siempre después de aquellos instantes.
FADE INTO YOU*
“I look to you to see the true”- Mazzy Star
La tarde transcurre en la costa. Después de la jornada laboral, guardo el Ebook en la mochila y algo de agua, esperando extraer alguna hora productiva antes de que el sol se ponga. Estoy cansado y no leo, echo a caminar. Ensimismado, paseo sobre la arena hasta pisar una superficie dura. Levanto la mirada y algo profundo se remueve.
Ahí está, el chiringuito, hoy cerrado para siempre. La tarima, los bancos. Una familia británica que pasa aquí sus vacaciones se cambia y se quita la arena sobre la madera reseca. El padre se quita la camisa, se la pone a uno de sus hijos que empieza a frotarse el cuerpo para suplir la ausencia del sol, que desaparece paulatinamente, anunciando el final del día.
Han pasado diez años. Han pasado diez vidas.
A veces pienso que los fuegos artificiales quizá nunca existieron y que lo ordinario de nuestra vida entonces era difícilmente sorteable. Aún así, lo logramos. El mundo que nos prometieron, de algún modo, terminó llegando, aunque todas las preguntas importantes siguiesen quedando por resolver. Aún así, las pupilas tantas veces dilatándose de asombro ante un cielo que, contra todo pronóstico, no se apagaba.
Hubo una tarde, volviendo en un autobús, en que te sentaste al lado mío y parpadeabas al hablarme con la puesta de sol acaeciendo detrás de tus ojos;
(diez años después sigo creyendo que el cielo se encendía y apagaba de forma intermitente cada vez que tus párpados se alzaban y caían).
Recuerdo, meses después, llegaba a una fiesta en tu casa cuando descubrí que el incendio entre nosotros había sido extinguido antes siquiera de arder. Escribí entonces: “Pensé, cuando abrías la puerta, cerrándome para siempre los arcos de tu mirada: “Esta casa guarda en sí el total de mis errores y mi único acierto””.
Creí entonces, el acierto fue impedir que nada hiciese peligrar la imagen hermosa, cegadora, incomprensible que proyectabas sobre el mundo.
Diez años después veo Past Lives, de Celine Song. Nora Moon y Hae Sung; él y ella se conocen en el colegio, se enamoran, se separan, se reencuentran; el tiempo vuelve a devolverles a sus respectivos rincones. Ella encuentra en otro hombre un apoyo para la vida, él vuelve a acompañarse de la presencia ambivalente de su propia soledad.
Entonces, ¿Past Lives pero estando siempre cerca? Past Lives y su cadena de cierres inconclusos, las despedidas en falso; Past Lives en un aula, en un parque, en un cine, en la discoteca. Past Lives ahora ante los pórticos blindados de tu mirada, ahora ante la certeza de que el milagro no desaparece porque nunca pasó de ser eso, la fugaz constatación de que los fuegos existían.
*Título de la canción del grupo Mazzy Star
https://www.youtube.com/watch?v=yfzsBA5dZdE&ab_channel=1985cactus
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